El señor elogiaba ante los invitados las virtudes de su mujer. Les dice: “Mensulina es una excelente ama de casa”. Ella confirma con modestia aquella opinión de su marido. “En efecto -dice-. Creo que soy una buena ama de casa”. Prosigue el esposo: “Administra muy bien nuestro dinero”. “Así es -declara humildemente-. Pienso que lo administro bien”. El señor continúa sus elogios: “Y es una magnífica cocinera”. “-Bueno -expresa ella con naturalidad-. Creo que no cocino mal”. “Y además -remata el marido-, siempre me ha sido fiel”. “Ay, Cornulio -dice ella-. En ese renglón creo que exageras un poco”... Un joven tartamudo se presentó a pedir trabajo como vendedor. Le pregunta el jefe de personal: “¿Tiene usted facilidad de palabra?”. Responde el otro: “No-no -se-se-ñor. Na-na-da más de sí-sí-la-