Rosibel se casó con Eddy Sohn porque era un joven científico de mucho mérito: había inventado una fórmula para desaparecer objetos, y seguramente eso lo haría uno de los hombres más ricos del planeta. La noche de bodas Eddy se presentó al natural ante su mujercita. Lo mira Rosibel y exclama llena de aflicción: “¡Ay, Eddy! ¿Te cayó ahí la fórmula?”... Aquella guapa chica subió al atestado autobús de pasajeros. Nadie se levantó a ofrecerle el asiento. Un caballero de madura edad le dice cortésmente: “Señorita: soy demasiado viejo para viajar de pie. Pero también mi avanzada edad me autoriza a hacerle un ofrecimiento: si quiere puede sentarse en mi regazo”. La muchacha, cansada, aceptó el ofrecimiento. Pero los saltos y giros del autobús hacían que el grácil cuerpo de la muchacha se moviera s