Simpliciano, inexperto muchacho sin ciencia de la vida, se enamoró de Pirulina, mujer con más historia que la Universal de César Cantú. Tanto se prendó el cándido mozo de la liviana fémina que le propuso matrimonio. ¡Qué barbaridad! Aquello era como llevar al altar a Kristen, la hoy famosa mesalina que causó la renuncia del tontiloco Gobernador de Nueva York. (¡Caón, si esos criterios se pusieran en práctica aquí en México, tendría que renunciar media Administración, y por lo menos una tercera parte de la Curia!). Los amigos de Simpliciano, preocupados por el futuro del ingenuo joven (no es lo mismo caer en los brazos de una mujer que caer en sus manos), lo llamaron, y uno de ellos le dijo sin preámbulos: "¿Cómo es posible que te vayas a casar con Pirulina? ¿No sabes que se ha acostado con