El señor Solorno, hombre sin compañía de mujer, vio en un catálogo de artículos eróticos el anuncio de una muñeca inflable hecha con cierto material que tenía la textura y tibieza de la piel femenina. Decía la propaganda: “¡Conozca usted a Foamy Doll y disfrute una experiencia sexual absolutamente realista!”. Pidió el señor Solorno la muñeca. Cuando el encargado de la paquetería recibió la caja y supo de su contenido, no pudo resistir la tentación de estrenar él mismo la muñeca. Tras el estreno volvió a dejarla como estaba y luego la remitió a la casa del señor Solorno. Días después un amigo de éste le preguntó acerca de la muñeca. “¡Es fantástica! -respondió él-. ¡Cuando la usas sientes que estás con una mujer de veras!”. “Muy realista la muñeca” -recordó el amigo la propaganda. “Absoluta