“A mi esposa le gusta el sexo oral” -comentó Babalucas. “¡Fantástico! -lo felicita un amigo-. Eres un hombre afortunado”. “¿Por qué afortunado? -replica con enojo el tonto roque-. No es nada agradable que la mujer esté hable y hable mientras le haces el amor”... A estas alturas -o bajuras- el presidente Calderón ha de estarse preguntando si acertó o incurrió en yerro cuando designó a Juan Camilo Mouriño secretario de Gobernación. No es cualquier secretario el que despacha en Bucareli. Es una especie de supersecretario a quien le corresponde en buena parte el manejo de los asuntos políticos de la Nación. Ha de estar, entonces, por encima de toda sospecha. Y el joven Mouriño ha generado muchas suspicacias; primero en lo relativo a su nacionalidad, y luego en lo que atañe a un presunto tráfic