En esta columnejilla pongo a veces chistes rojos. (Los otros son muy rojos, rojísimos, rojisísimos y rojisisísimos). Cada día suelo narrar uno o dos, de esos cuentos atrevidos. Pues bien: ¡hoy vienen tres! No estoy buscando ningún récord: busco sencillamente aligerar el ánimo de la República, tan ensombrecido estos días por toda suerte de amenazas. ¿Por qué los mexicanos no podemos dirimir nuestras contiendas a través del diálogo, de la razonada exposición de ideas, del debate civilizado, y recurrimos al chantaje, a la violencia, a la ilegítima presión? El uso de la fuerza puede llegar a ser justificado cuando están cerrados todos los caminos para hacer valer la justicia y la razón. Eso no lo digo yo, aunque lo esté diciendo: lo dijo Santo Tomás de Aquino, (a) "El buey dormido", quien habl