Cayó un niño en las aguas del río Santiago, y aunque no se ahogó, pues fue sacado de la corriente por su padre, murió luego de penosísima agonía porque bebió el agua del río y lo mató la excesiva concentración de sustancias tóxicas que había en él. Nuestros ríos, en efecto, los ríos mexicanos, ya no son fuente de vida, sino oscura amenaza de muerte, cauces cargados de veneno. Y así como hemos llenado de tósigos las aguas, también hemos envenenado la tierra, el aire, la orilla de los mares, todo. Tenemos convertido en basurero a nuestro hermoso país. Propongo con tristeza que en los mapas de México los ríos, los lagos y lagunas, lo mismo que las aguas marinas, ya no aparezcan pintados en azul, sino en color negro, el mismo con que en los frascos antiguos de medicamento se dibujaba una calav