Afrodisio Pitongo, galán concupiscente, le pidió a Dulcilí, muchacha ingenua, que le entregara la joya de su virginidad. "Podrás conservar el estuchito" -le dijo cual si le hiciera un gran favor. "No puedo -opuso ella-. Quebrantaría el sexto mandamiento". "¿Y qué? -replica el labioso galán-. Todavía te quedarían otros nueve"... Ante el consejero matrimonial se quejó el esposo: "Anoche mi mujer me hirió con palabras". Pregunta el consejero: "¿Qué le dijo?". "Nada -aclara el lacerado-. Me aventó a la cabeza un diccionario"... Sonó el timbre de la puerta, y la señora de la casa fue a abrir. Afuera estaba un hombre. Sin más ni más le pregunta a la mujer: "¿Sabe usted follar?". Ella, al mismo tiempo asustada y ofendida, cerró la puerta con premura. El día siguiente, a la misma hora, volvió a so