A cierta parte de su cuerpo don Vetulio le decía "La vengativa". Explicaba la razón de ese mote peregrino: "En mi juventud yo le ordenaba: ‘¡Levántate!’. Y ella se levantaba siempre. Ahora ella me dice en la noche a cada rato: ‘¡Levántate!’. Y yo soy el que me tengo que levantar"... Relataba un señor: "Una vez hice una sociedad con un sujeto. Él puso la experiencia y yo el capital. Un año después él tenía el capital y yo la experiencia"... Discutían la esposa y el esposo. Para poner fin a la discusión él le gritó, exasperado: "¡Y además quiero que sepas que eres pésima en la cama!". Así diciendo salió dando un portazo y se fue a su trabajo. A media mañana sintió remordimientos de conciencia -esa vocecita que llega siempre demasiado tarde-, y tomó el teléfono para llamar a su esposa. Diez o