EDITORIAL sábado 9 de feb 2008, 11:44pm - nota 5 de 7

El maestro como facilitador de procesos de aprendizaje

Por: Rolando Cruz García


La concepción del maestro como facilitador del aprendizaje es mal entendida y se le relaciona con un profesor poco exigente o con escasa disciplina o bien se le percibe como aquel que sólo proporciona el programa, las actividades y las tareas, para que sea el alumno quien realice lo estipulado en las asignaturas; la concepción correcta se asume en el sentido de que tal facilitación implique la idea de un guía o conductor del aprendizaje, para lo cual se requieren determinadas estrategias específicas de intervención didáctica.

Por otra parte, se debe tener en cuenta que el objetivo de facilitar el aprendizaje no es un fin en sí mismo, sino que está en función de desarrollar dicha intervención para que el alumno logre cada vez mayor autonomía; es decir, que el alumno aprenda con el maestro, sin el maestro y a pesar del maestro.

La autonomía debe ser vista como requisito indispensable de acceso a la era de la información y el conocimiento; conocimiento extraordinariamente cambiante y que por lógica no puede ser abarcado disciplinariamente como lo concibe tradicionalmente la escuela.

La autonomía en el aprender es punto de llegada, más que punto de partida y por ello resultan de gran utilidad las ideas referidas al establecimiento de niveles de competencia que vayan haciendo cada vez más accesible y compleja la tarea.

Dichos niveles de competencia deben ser acompañados de las condiciones de desempeño requeridas para que los alumnos vayan accediendo a niveles superiores de desarrollo intelectual, independientes e interdependientes; sobre todo estos últimos dados en una labor sinérgica y cooperativa.

Para facilitar la autonomía, son necesarias estrategias que determinen una nueva forma de adquirir la cultura académica, es decir, ya no se trata de un maestro monopolizador de una información que transmite a sus alumnos, sino de propiciar que ellos tengan acceso a esa información de manera planificada.

Se trata de transitar junto a los alumnos por estrategias importantes en el aprender: contacto de los alumnos con la tradición escrita, para que ellos mismos arriben a una nueva epistemología (forma de construir su saber) de la ciencia objeto de estudio.

El establecer los debates a partir de ese contacto con la tradición escrita, ya que sabemos que en nuestro país no existe la cultura del debate, sólo la del monólogo del profesor.

La generación de nuevos conocimientos a través de propiciar procesos investigativos derivados de aquellos puntos que así lo hayan requerido como consecuencia de la lectura, la escritura, el debate, etc.

Propiciar la escritura pública (al interior y al exterior de las instituciones), que es aquella que se realiza para ser objeto de análisis público, ya sea para que sirva de material en nuevos casos o para ser seleccionado como producto o nivel de salida de las discusiones establecidas.

Esta nueva forma de proceder requiere de adentrarnos en los elementos importantes que facilitan el aprender a aprender. Pero no sólo como discurso pedagógico, sino como estrategia que nace de la lecto-escritura, el análisis lógico–matemático, el estudio sistemático de la ciencia, la comunicación (oral y escrita), etc.

El maestro facilitador–conductor de los procesos de aprendizaje, parte de la idea del profesor como guía y de la premisa de que éste debe conocer, saber, utilizar, evaluar, perfeccionar, recrear o crear estrategias de intervención didáctica efectivas (aspectos todos que requieren de una profunda y reflexiva formación).

Sobre la relación descrita se ha teorizado en múltiples ocasiones; pero es necesario operativizar dichas conceptualizaciones y llevarlas al plano de lo concreto, para favorecer la actuación de los profesores, que es palabra clave en lo referente a competencias de los mismos, sobre todo en lo pedagógico y por ende en lo didáctico, que es finalmente su forma de actuación en el aula.

Una estrategia didáctica puede ser definida como el proceso de toma de decisiones conscientes e intencionales a través de las cuales el maestro elige y recupera los conocimientos que necesita para concretar los principales métodos, técnicas, procedimientos, materiales y recursos requeridos para dar tratamiento a un contenido educativo en función de cumplir con los objetivos concretos, sobre todo en interdependencia con las características de la situación formativa en la que se produce la acción.

A partir del conocimiento de lo que es una estrategia, se impone el saber seleccionar qué corresponde con la fase de planeación, pero no la planeación tradicional, en la cual pensamos más en términos de la estructura objeto de la misma planeación que en el sujeto que va a interactuar con esa estructura (en este caso, el alumno).

Más nos referimos a una planeación de corte estratégico y de ser posible, una planeación prospectiva que nos permita anticiparnos a los resultados y a los logros, así como a los escenarios posibles y deseables a los que nos enfrentaremos.

Como puede observarse, ser un verdadero facilitador de procesos en los que los alumnos aprenden, independientemente del nivel educativo de que se trate, no es cualquier cosa; sobre todo cuando pensamos en aquellos malos profesores que no sólo no facilitan la apropiación de los aprendizajes, sino que estorban y dificultan más una acción ya de por sí complicada para muchos alumnos.

Agradezco sus comentarios a: rolexmix@hotmail.com

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