EDITORIAL miércoles 30 de ene 2008, 9:16am - nota 3 de 9

Importancia de la naturaleza

Por: Magdalena Briones


A la ciudadanía

La Tierra es una, y es la Patria del hombre en el Universo.

Los conjuntos humanos se han asentado históricamente en lugares diversos, en temperaturas, altitudes, etc., a cada lugar, según sus características de la vida; y por consiguiente el hombre, ha tenido que acondicionar sus campos, su color, su altura, su formación y rasgos físicos especiales, su modo de explotar los recursos de su entorno, la creación de ciertas tecnologías a partir de lo que tiene a mano: piedra, metales, madera, formas de cazar, formas de defenderse.

Influye en su desarrollo: la orografía, las distancias con otros conjuntos humanos, el agua con que se cuenta…

No es igual vivir en el Polo Ártico, que en el Ecuador, en regiones templadas o en el desierto. No es igual vivir bajo el nivel del mar que en alturas casi isoladas por abruptas, que en planicies de fácil acceso y comunicación. Estas diferentes regiones en sus bienes ecológicos determinan el modo de organización social, de producción y de consumo; y según biólogos de fama mundial (Jared Diamond), aun las enfermedades serán específicas de los animales, plantas y metales con las cuales tales y el hombre conviven.

Muchas de las tecnologías o avances de ellas, han sido copiadas por las sociedades más o menos cercanas y en menos cuantía, cuando las distancias entre sus respectivas locaciones son insalvables o lo fueron. Esta miniglobalización se ha vuelto globalización casi total, favoreciendo generalmente a los grupos con mayor desarrollo tecnológico, el que aprovecha para su beneficio tanto en la paz como en la guerra.

Es de conocimiento amplísimo que la vida no existiría sin la presencia de ciertos bienes: el aire, el agua, ciertos metales y minerales, productos comestibles y combustibles… pero aun sabiéndolo, el hombre no atiende suficientemente la necesidad de cuidar no sólo su existencia sino su sanidad, quizá por que piensa que son inagotables. Por tal creencia ahora nos vemos privados no solamente de muchos bienes no renovables, sino de una contaminación generalizada.

Las riquezas naturales que la Tierra ofrece no son inagotables y al hecho de que no estén igualmente repartidas, se agrega el que la economía dominante tampoco es retributivamente justa. Se han concentrado en élites del dinero y del acaparamiento del conocimiento, pero no sólo ello es un mal proceder: también lo es el espíritu mísero con el que explotan bienes físicos y humanos y estorban la posibilidad de desarrollo ajeno.

La ansiedad por monopolizar conocimiento (aunque sea ajeno y en principio benéfico para la humanidad, luego se esconde o se cobra con regalías extraordinarias), sólo empobrece a las mayorías en su educación, servicios, bienestar social y convivencia pacífica: puede el sistema entero; sin darse cuenta de que un desequilibrio tan extremo lo hará explotar con todo y quienes lo provocan, sumándose a otras causas de extinción de civilizaciones enteras, tal como lo registra la historia de hechos políticos, económicos, sociales, biológicos y climáticos.

La ciencia persigue primordialmente el conocimiento, pero ¿para qué se utiliza?, para que cuando lleguen extraterrestres en centurias o en milenios a nuestra casa -si es que llegan- constaten en archivos, pistas residuales o como sea, cuán capaces parecería que fuimos. No conciudadano. Nosotros, habitantes de zonas áridas, debemos estar alerta de la posibilidad cercana de que éstas se desertifiquen. Ya algunas veces he querido llamar su atención en la realidad que tenemos de estudios de cuencas enteras. Sin ellos no es posible hacer planes de manejo eficientes. Entre más tardan las autoridades federales o de todos niveles en apoyar este pedimento, más deterioro existirá; y mientras, aumenta la demanda de agua, de ingesta no solamente en cantidad sino libre de venenos que todos sabemos que existen y se agravan peligrosamente.

Por último, por su desinterés comunitario, se informa que la dimensión extraordinaria que se ha dado al “conflicto de intereses entre algunos habitantes de Jimulco y Biodesert”, no obedece a los intereses de todos los habitantes del Cañón. Surge de un problema laboral, el despido de dos personas por la Administración de Biodesert en Jimulco. Esta Administración es el resultado de un convenio formal con la Presidencia Municipal y aprobada por el Cabildo.

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