Un hombre de la ciudad oyó hablar de ciertas ruinas arqueológicas cercanas a un pequeño pueblo. Quiso ir a conocerlas, y en el pueblito alquiló una vieja mula -quiero decir una mula vieja- a fin de hacer el recorrido. El animal, empero, se negaba a andar. “Úntele chile en la cola” -le aconsejó un ranchero. El visitante siguió la recomendación: le aplicó en el tafanario a la cabalgadura una competente ración de chile de árbol, que es de los más picosos por tener una alta gradación de cápsicum (así se llama la unidad con que se mide el picor de los chiles). Al sentir aquel urticante excitativo la acémila salió corriendo como alma a quien mil demonios persiguieran. “¡Por vida de...! -clamó el turista-. ¿Qué voy a hacer para alcanzar a la maldita bestia?”. Indica el campesino: “Ahora úntese us