Nosotros domingo 20 de ene 2008, 6:07pm - nota 3 de 28

PSIQUIATRÍA / LA FAMILIA Y EL SUICIDIO

Por: Dr. Fernando Villa Hernández (Psiquiatra)


Uno de los actos más inquietantes y dramáticos del ser humano es la autodestrucción, pues está en contra del instinto más intenso de los seres vivos, el pensamiento, deseo y acto de quitarse la vida ha estado acompañando a la humanidad desde la antigüedad, se ha llegado a creer que otros animales también se han autodestruido pero ahora sabemos que no es así, las ballenas en realidad cometen errores de orientación, los biólogos encontraron que los mecanismos ancestrales que las dirigen no se han modificado paralelamente a la geografía de tierras y aguas encallando como consecuencia, finalmente sabemos que sólo el hombre se autodestruye voluntariamente.

El suicidio tiende a ser más frecuente en el medio urbano sobre todo en sociedades rígidas y exigentes, las estadísticas mundiales reportan una frecuencia de habitantes, las causas del suicidio pueden estar en enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia, psicosis bipolar u otras depresiones provocadas por trastornos bioquímicos cerebrales, en el alcoholismo y drogadicción el suicidio es ocho veces más frecuente que en la población general.

En numerosas familias actuales existen situaciones que elevan los riesgos de suicidio, en los habitantes de países industrializados las personas están dañando su personalidad constante y rápidamente, las presiones económicas y el trabajo obsesivo e intenso disminuyen el tiempo para el sano disfrute del ocio además que la relación agradable con la familia se hace más escaso, el éxito profesional, económico y social son los objetivos primordiales que promueve el actual sistema, la mujer tiene que trabajar debido al deseo intenso convertido en necesidad de consumir productos no indispensables, la mayoría de ellas tienen que hacerlo para cubrir las necesidades económicas básicas de la familia, la doctrina económica actual pregona que esto es importante para “la liberación femenina” importando poco se esté limitando la relación con hijos y esposo, el hombre está bajo presión por el hecho de que su esposa tenga que trabajar ya que en general la personalidad del hombre tiene rasgos paranoides, con sentimientos de territoriedad, celos y honor que son lastimados por el hecho de que su esposa trabaje, cuando esto sucede el sistema lo condena como machista e inmaduro ignorando o despreciando la naturaleza humana, sin olvidar que existen casos patológicos donde la intensidad del rasgo paranoide es exagerado, dentro de la clase media, media alta y profesional, los bienes, prestigio y consumismo adquieren una importancia desproporcionada causando frustración y angustia en muchos miembros de la familia, los niños tienen presiones escolares a más temprana edad, la competencia artificialmente provocada aumenta la sensación de fracaso, ansiedad y frustración, en la adolescencia las presiones escolares son mayores, el miedo y dolor frente al fracaso aumentan el riesgo de suicidio, Japón tiene el triste récord de suicidios por problemas escolares además de que la autodestrucción forma parte de su tradición, existen familias donde en antecedente de suicidio aumenta el riesgo en el resto de la familia, sin embargo es la disfuncionalidad familiar que provoca ira, ansiedad, depresión y en general infelicidad lo que aumenta el riesgo de suicidio entre sus miembros, la falta de padre, la madre o la presencia de alcoholismo o drogadicción dentro de la familia eleva la frecuencia del suicidio, por último la presencia familiar a la hipersensibilidad emocional o a la explosividad del carácter es otro factor de riesgo.

La familia mexicana tiene problemas que tienden a aumentar, los divorcios, conflictos entre los esposos, los hijos fuera del matrimonio, el alcoholismo y drogadicción, los movimientos económicos y las presiones sociales en aumento producen un entorno inadecuado para el sano desarrollo de la vida provocando trastornos de personalidad elevando con esto la frecuencia del suicidio.

En México del año 1974 no se reportaban suicidios en niños (posiblemente por errores estadísticos), en el año 2000 la frecuencia entre jóvenes de entre 12 a 24 años de edad fue seis por 100 mil habitantes, con el tiempo la tendencia está aumentando, se calcula que está en 12.5 por 100 mil habitantes en este mismo grupo de edad, se piensa que continuará en aumento en la siguiente década.

La explicación puede encontrarse el deterioro de la calidad de las familias, las presiones en la educación y competencia intensas, la incertidumbre frente al futuro y la estimulación emocional a la que estamos expuestos, en los adolescentes el suicidio se produce frecuentemente como resultado de actos impulsivos ya que cuando fracasan están arrepentidos y con miedo, es importante al tratar con adolescentes no olvidar que en esta etapa es común la hipersensibilidad e impulsividad emocional (muchos padres frustrados e iracundos pueden empujar a sus hijos a intentos suicidas), los noviazgos a temprana edad provocan tensiones con los padres, las decepciones amorosas que llegan a tener llegan a ser peligrosas, la buena nutrición, menos enfermedades y la sobrestimulación sexual favorecen que los noviazgos sean a temprana edad, los fracasos escolares mal manejados son otro riesgo ya mencionado, sin embargo el factor más importante es la ansiedad, depresión inseguridad crónicas debido a una sociedad e intereses que no toman en cuenta la naturaleza humana sometiéndonos a presiones exageradas y a ambientes inadecuados.

En México los suicidios en general han aumentado del dos por 100 mil en 1974 al seis por 100 mil en el año 2000, actualmente se encuentra por arriba del 12 por 100 mil, la diferencia entre hombres y mujeres también aumentó, en 1974 fue de cuatro a un hombre, mujer y en el año 2000 de seis a una, este aumento de debe probablemente a mayor presión sobre el hombre, la agresividad propia del sexo masculino, a su mayor sensibilidad emocional y posiblemente la menor tolerancia a las presiones.

El matrimonio se considera como un contrato social o producto de una tradición olvidando que somos entre los seres vivos de los más débiles y que necesitamos como ningún otro de la protección amorosa que sólo se puede dar con calidad dentro de la familia, el bienestar emocional de los cónyuges permite que sus instintos de protección funcionen adecuadamente favoreciendo la fuerza y al sentimiento de amor por la vida en todas sus manifestaciones, pudiendo de esta manera estar alejados del insano pensamiento de autodestrucción.

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