EDITORIAL viernes 18 de ene 2008, 9:14am - nota 9 de 10

Las FARC y su legitimidad

Francisco Amparán

El comentario de hoy

Ignoro si entre las obligaciones constitucionales del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela se halle el de jorobar lo más duro y frecuentemente que sea posible a su homólogo de Colombia. Si no es así, si no es forzoso, la verdad debería serlo: de esa manera Hugo Chávez podría pasar como el mandatario más respetuoso de la Constitución que Latinoamérica haya visto.

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Y es que al jacarandoso titular del Ejecutivo venezolano se le ha vuelto costumbre el andarle llenando el buche de piedritas al presidente de Colombia Álvaro Uribe. Y si a Vicente Fox le hizo la vida de cuadritos, lo de Uribe ya raya en la patología.

Por supuesto, algunos pueden decir que no tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre. En el momento en que Uribe permitió que Chávez se convirtiera en puente y contacto con las FARC, le abrió la puerta para que sus desmesuras llegaran mucho más lejos. Si Uribe tenía o no alternativas viables para conseguir la liberación de algunos rehenes de la guerrilla, creo que no podemos saberlo en estos momentos. Pero de que se ha arrepentido, eso parece incuestionable.

Tanto así, que Uribe decidió retirarle su reconocimiento a Chávez como intermediario, alegando que no había cumplido las condiciones que se le habían impuesto para que fungiera como tal. El pretexto, la verdad, fue baladí. Ahora entendemos que Uribe se dio cuenta, desde entonces, que Chávez iba a ponerse del lado las FARC. Así, al menos, se trataba de restarle peso a ese apoyo.

Como sabemos, Chávez se encargó de explotar al máximo la liberación de dos rehenes que la guerrilla había tenido prisioneras durante años. Que no fueron tres, como lo había anunciado, porque a un niño nacido en cautiverio ¡le habían perdido la pista! Cuando el Gobierno de Colombia dijo que las FARC no tenían al infante, y que éste se hallaba en una guardería oficial, ¡Venezuela afirmó que ello era falso! ¿Por qué? Porque las FARC les habían dicho lo contrario. O sea que para Chávez, un grupo facineroso que secuestra civiles para cobrar rescate, manteniéndolos encadenados como animales, tiene más credibilidad que el Gobierno de un país teóricamente amigo.

Luego, Chávez pidió que a las FARC se les retirara la categoría de grupo terrorista, y se les reconociera como fuerza beligerante. Esto es, un grupo cuya lucha es legítima en el contexto de las circunstancias. Ahí salió el peine. Resulta evidente que ésa fue una condición que los guerrilleros le pusieron a Chávez para que se pudiera retratar con las rescatadas. No sólo pagar quién sabe cuánto dinero (que salió de los impuestos de los venezolanos); sino hacerla de patiño adelantando esa solicitud, que no ha tenido eco en ningún país del mundo. ¿Por qué? Porque resulta evidente que esa narco-guerrilla no es otra cosa que un grupo delicuencial, que no busca mejorar las condiciones de vida de sus compatriotas sino continuar lucrando. Y eso es lo que defiende Chávez, creyendo que le concitará apoyos y buena imagen. Un garrafal error de cálculo.

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