Decía una señora: "Siempre soñé casarme con un John Wayne, y terminé casándome con un güe-yón"... Doña Pasita era una anciana linda y bondadosa, como de cuento de hadas. Caminaba encorvadita, doblada sobre sí misma, apoyándose penosamente con las dos manos en su pequeño bastoncito. Cierto día oyó decir que había llegado al pueblo un hombre que obraba curaciones milagrosas. Todos los vecinos le aconsejaron que fuera a visitarlo. Entró doña Pasita al cuarto donde atendía el taumaturgo, y unos minutos después salió caminando muy derechita, erguida y levantada. Todo el pueblo quedó maravillado al ver aquella mágica curación; en la comarca no se hablaba más que del gran prodigio. Alguien le preguntó a doña Pasita qué había hecho el sanador para lograr que caminara erguida. Contestó ella: "Me di