Timoracio, el hijo de don Poseidón, le dice un día: "Fíjese, ‘apá, que Susiflor, esa muchacha tan bonita que vive en frente de la plaza, me pidió que fuéramos solos, y en la noche, a pasear por las afueras del pueblo. Yo me negué, pues soy un caballero". Un día después el muchacho le cuenta a don Poseidón: "Fíjese, ‘apá, que Dulcilí, esa preciosa chica recién llegada al pueblo, me dijo que nos fuéramos al asiento de atrás de su automóvil. Yo no quise, pues soy un caballero". A la mañana siguiente Timoracio le cuenta otra vez a son Poseidón: "Fíjese, ‘apá, que doña Pompilia, esa señora tan atractiva que vive sola en su casa, me pidió que la visitara sin testigos. Yo me negué, pues soy un caballero”. Entonces don Poseidón saca la cartera y le da un billete a Timoracio. “Ve a comprar unas pac