Sucedió en tiempos de la Revolución. Virginola, madura señorita hija del dueño de la hacienda, estaba en su alcoba cuando se oyó afuera un tropel de caballería. "¡Santo cielo! -exclama la mamá de la doncella-. ¡Ahí vienen esos revolucionarios vándalos, lujuriosos, violadores, ultrajadores, estupradores, deshonradores de mujeres!". "¡Ay! -exclama Virginola, consternada-. ¡Y yo en estas fachas!"... En un viaje aquel señor acertó a pasar por la ciudad donde estudiaba su hijo. Aunque era ya de noche tomó un taxi para ir a visitarlo. Llegó a la casa y tocó el timbre. Se abre una ventana del segundo piso y un muchacho asoma la cabeza. "Dígame, señor". Pregunta el papá: "¿Vive aquí Leovigildo Patané?". "Sí -responde el muchacho-. Ahí déjelo en la puerta; luego lo recogeremos"... Un empresario le