Don Algón, prominente hombre de negocios, sufría de ciática, penosa enfermedad también llamada isquialgia o mal de Cotugno. Esa neuritis se le exacerbaba por la noche, tanto que a veces lo mantenía despierto. En cierta ocasión hizo un viaje. Un grupo de financieros fue a verlo en su hotel. El secretario particular de don Algón les informa: "El señor tardará en bajar. La ciática no lo dejó dormir toda la noche". "Entiendo -dice uno con aire de conocedor-. Esas orientales son tremendas"... Ovonio Grandbolier, ya lo sabemos, es el hombre más haragán de la comarca. Un día su esposa, que salía a trabajar todos los días, le cuenta a una de sus compañeras: "Con motivo de la Navidad le di ayer 500 pesos a un vago". "¡Caramba! -se admira la otra-. Eso es mucho dinero para dárselo a un vago. ¿Qué di