Un señor y una señora eran padres de seis hijas, bellísimas las seis. Deseaban un hijo varón y, en efecto, lo tuvieron en el último intento. Pero el niño salió muy feo, horrible más allá de cualquier ponderación. Era un macaco, un mico, un cuadrumano, un mono, un mandril. "¿Cómo es posible esto? -se lamentaba el genitor-. ¡Hermosas como princesas son mis hijas, y ahora viene este íncubo, este endriago, este espantajo, este adefesio malcarado, este hominicaco! ¡No puedo yo ser padre de una criatura tan grotesca!". Se vuelve en seguida hacia su esposa y le pregunta con recelo: "¿No habrás andado tú de liviana por ahí?". Inclina ella la cabeza, humilde, y responde: "No en esta ocasión"... En pleno incendio el jefe de bomberos sorprendió a uno de sus hombres refocilándose delirantemente con un