Un señor cargado de años -más de 90 tenía- le pidió a su médico de cabecera que le recetara Viagra, pues no quería irse de este mundo sin recordar, al menos una vez más, los deliquios del amor. "Está bien -concede el facultativo-. Pero eso será como ponerle un astabandera nueva a un edificio que de un momento a otro va a caer"... No tiene gracia alguna quien no sabe decir "gracias". De rodillas debería yo vivir dando gracias a Dios (es decir a la vida) o a la vida (es decir a Dios) por todos los bienes y venturas que sobre mí hace llover. Soy, entre otras cosas, un viajero afortunado. Un ángel del Baedeker me acompaña en mis periplos y me cuida de todos los males y asechanzas que al peregrino aguardan. Rarísimas veces sufro, por ejemplo, las molestias o inconvenientes que padecen otros por