Pepito estaba jugando con su tren eléctrico. Su nueva niñera lo cuidaba. De pronto el pequeño gritó con grandes voces dirigiéndose a los imaginarios pasajeros: "-¡Los caones que quieran subir a este chinche tren háganlo ahora! ¡Los indejos que no se muevan rápido se quedarán abajo y se los llevará la ingada!". La niñera se quedó fría al escuchar aquel vocabulario. "-¡Óyeme! -reprendió con energía al crío-.¡En mi presencia no usarás ese lenguaje! ¡Ve a tu cuarto, castigado, y no salgas de ahí en dos horas!". Pepito, obediente, se encaminó a su habitación. A las dos horas la niñera fue y le dijo: "-Tu castigo ha terminado. Puedes ir a jugar otra vez". El niño regresó a su trenecito. La mujer, escondida tras la puerta, se dispuso a observar la conducta del chiquillo. Quería ver si el correcti