Así ni quién diga nada. Esa manida frase puede usarse en diferentes formas. El marido llega a su casa, inesperado, e inesperadamente encuentra a su mujer en brazos (y todo lo demás) de un desconocido. Profiere el esposo hecho una furia: "¡Ah, bribón infame! ¡Me la va usted a pagar!". Responde el individuo: "Ya le pagué a ella". Es obligado entonces que el esposo diga la frase de rigor: "Así ni quién diga nada". Consideremos también el caso del galán libidinoso que le pide a una ingenua muchacha la entrega de su más íntimo tesoro, la nunca tangida gala de su doncellez. La joven es ingenua, ya lo dije, pero está deseosa también de conocer los deliquios del amor. A fin de guardar las formas le dice a su lúbrico amador: "Tengo escrúpulos". "No importa -replica él-. Estoy vacunado". Entonces la