La muchacha tocaba el piano en la sala, y el novio cantaba una romanza: "Soy como la golondrina”. Al papá de la chica le llamó la atención la apasionada vehemencia de la música y se asomó a ver a los intérpretes. Lo que vio lo puso en paroxismo de iracundia. Mientras cantaba "Soy como la golondrina" el muchacho metía mano en el escote de la pianista. "-No, señor -dice furioso el padre-. Usted no es como la golondrina: usted es como la jingada"... La señorita Capronia, soltera de carácter agrio, reprendía con aspereza al albañil del pueblo: "-Es usted un borracho, Yesenio -le decía-. El alcohol será su perdición". "-No bebo tanto -trata de defenderse el alarife-. Es equivocada la impresión que usted tiene de mí". "-¡Equivocada, mádere! -retoba la señorita Capronia, que, como todos los predi