Antonio de Villegas fue uno de los más grandes comediantes del Siglo de Oro español. De él dijo Lope de Vega, su contemporáneo, que "sacaba con propiedad los afectos y efectos de las figuras".
Villegas conoció a una gitana y se enamoró de ella. Con ella entró en amores. Un día la muchacha le pidió que le jurara algo: ya nunca más diría una palabra de amor a otra mujer. Juró el actor. La gitana le puso la mano sobre la boca y murmuró algo en su lengua.
Una noche, al representar cierta comedia de Lope, Villegas debía recitar unos versos amorosos a la actriz que lo acompañaba en la escena. Las frases no salieron de sus labios. Tres veces intentó decir su parlamento y otras tantas no pudo articular palabra. El público, impaciente, lo siseó. Esa noche terminó la carrera de aquel famoso acto