El tembloroso recién casado bajó al bar del hotel mientras su noviecita se preparaba y pidió una cerveza. "-Perdone la indiscreción, joven- le dice sonriendo el comprensivo barman-, pero la cerveza más bien apaga las ansias amorosas. Usted lo que necesita para estar a la altura de las circunstancias es una copita de coñac". El joven acepta la sugerencia y se la toma. Se va luego a su cuarto, pero como a las cuatro horas regresa, y le dice al barman: "-Me da una botella de coñac para mí y tres cartones de cerveza para mi señora"... En la merienda semanal las señoras del barrio hablaban acerca de sus respectivos maridos. "-El mío -dice una de ellas-, es ratero". "-Cómo que ratero?" -se alarman las demás-. "-Sí -responde la señora-. Nada más a ratos viene a la casa"... A mis cuatro lectores l