Aquel golfista llegó con endiablado humor al hoyo 19, el bar del club. El cantinero le pregunta: “¿Tuvo usted un mal día, señor?”. “Pésimo -replica el individuo-. Las únicas bolas a las que les pegué bien fue cuando pisé el rastrillo de recoger las hojas”. (No le entendí)... Otro golfista se quejaba de que su esposa no lo dejaba ir a jugar la mañana de los domingos. “Haz lo que yo -le aconseja un amigo-. Cuando mi mujer todavía está dormida la muevo para despertarla y le pregunto: ‘Viejita: ¿me voy a jugar golf o nos pasamos la mañana en la camita haciendo el amor?’. Ella me dice siempre: ‘Llévate la gorra, no vaya a hacerte daño el sol”... Un hombre y su mujer acudieron al consultorio de un consejero matrimonial. La señora afirmaba que su esposo había perdido todo interés en el acto conyu