Es un gran personaje; es un artista extraordinario. Pero además es un ser humano excepcional, un hombre lleno de nobles sentimientos que va dejando el bien por donde va. Sus resonantes triunfos, el éxito, la fama no le han quitado su sencillez y su bondad. Por eso la gente ha hecho de él un ídolo; es admirado y querido en todas partes. Su nombre está ya junto a los grandes nombres de la música de México: Lara, Curiel, Garrido, José Alfredo, Álvaro Carrillo, Manzanero... Recibí el sábado una llamada telefónica de su representante. Me dijo que aquel genial artista deseaba conocerme. "Es uno de sus cuatro lectores -me dijo-. Me pide que le diga que admira su trabajo. Acaba de leer su libro sobre los abuelitos, y la lectura lo emocionó. Lo invita a desayunar mañana en Monterrey; quiere platica