Eso que antes se llamaba "la cátedra sagrada" a veces no tiene hoy nada de sagrada, y de cátedra poco. Lo digo a propósito de algo que sucedió recientemente con don Raúl Vera, obispo de Saltillo. Molesto porque un juez no dictó una sentencia de su gusto el señor Vera llamó "rufián" al juez en su homilía de la misa. Esa palabra es fea en cualquiera de sus acepciones. Por un lado designa al hombre que hace el infame tráfico de mujeres públicas; por otro moteja al individuo sin honor, al perverso y despreciable. El juez que con tal violencia fue calificado se llama Hiradier Huerta Rodríguez, y la conducta que observó ante ese abuso es digna de mención. No recurrió a los tribunales como ciudadano, aunque tenía sobrada materia para hacerlo. En vez de eso actuó como católico. Viajó a Roma, y con