Cultura viernes 2 de nov 2007, 7:53am - nota 2 de 3

Preservan ritos fúnebres yaquis y mayos

Por: Agencias/MÉXICO, DF.
La celebración del Día de Muertos para los Mayos dura un mes y destaca por altares de altura.


Yaquis y mayos, dos de las etnias del norte de México son de los pocos grupos indígenas que llevan a cabo rituales alusivos a la vida-muerte, al ser un aspecto que rige el entramado comunal vinculado con su estructura y organización social, señaló el antropólogo José Luis Moctezuma Zamarrón, al destacar el caso de los llamados ritos de recordatorio, el relativo al Día de Muertos, uno de los principales actos colectivos que llegan a extenderse hasta por un mes.

Localizados en la zona sur y central del estado de Sonora ambas comunidades han logrado preservar estas representaciones culturales, que tuvieron su origen hacia principios del siglo XVII, durante la labor evangelizadora desarrollada por los misioneros jesuitas y que no obstante se caracterizan por guardar elementos nativos de su cosmovisión prehispánica.

El etnógrafo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explicó que los rituales funerarios en ambas comunidades se dividen en tres principales ritos: los mortuorios que tienen que ver con el fallecimiento de un familiar relativos al Día de Muertos y los referentes a la Pasión de Cristo: “Para estos grupos la muerte es parte del ciclo de vida, donde el cielo no es concebido como lo establece el catolicismo, sino como un lugar llamado el ‘huya ania’ o ‘mundo mundo’ del monte, cuya creencia refiere que cuando alguien muere en ese espacio es recibido por familiares que no necesariamente hayan conocido en vida, revalorando así a las generaciones pasadas”, comentó.

En este sentido, refirió, en el caso de los ritos de celebración del Día de Muertos, estos comienzan a efectuarse desde el 24 de octubre, con los preparativos para poner el altar o tapanco: “En el caso de los mayos se inicia ese día con la instalación de la estructura del altar, que se fabrica con ramas de mezquite y carrizo, donde posteriormente se ponen los alimentos, flores, fotos, velas y otros elementos, para que esté todo listo para el arribo de los difuntos”.

Una de las peculiaridades de estos altares es que se instalan en los solares familiares radica en su altura. “Porque dentro de su cosmovisión, para ellos, los muertos ya no tocan el suelo, por ser entes del alma”, explicó el también lingüista adscrito al Centro INAH-Sonora.

Las ofrendas que se colocan en el altar, detalló Moctezuma Zamarrón los Mayos las mantienen hasta por un mes. “Ya no se mantienen con alimentos pero si con flores, agua y veladoras. Al mes de haber terminado el ritual despiden a sus difuntos con alimentos o ‘lonchi’ como ellos le llaman y les piden que vuelvan el año próximo”, dijo.

Cruces y flores, aseveró el etnógrafo, son elementos fundamentales para ambas etnias, que no sólo están ligados a la muerte sino también a su vida cotidiana. “Por ejemplo, durante toda su vida tienen frente a sus casas una cruz de madera permanentemente, mientras que las flores son parte del ‘huya ania’ o emblema de ese mundo terrenal que hay después de la muerte”, precisó.

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