¡Felicidades a todas las madres en su día! No hay dignidad más grande que la de ellas: son dueñas del gran misterio de la vida. Nunca los hombres podremos entender el prodigio de la maternidad, por el cual el hijo es como una prolongación del cuerpo y el alma de su madre, parte suya que tiene vida propia. No nos es dable comprender con nuestras romas capacidades de varón los luminosos goces y las sombrías aflicciones de las madres. Para nosotros son inaccesibles las alturas de su alegría y la profundidad de su dolor. Y me detengo aquí, pues lo que sigue sería "El Brindis del Bohemio”. En su lugar ofrezco a las cabecitas blancas (y a las rubias, y rojas, y moradas, azules con rayitos verdes, tornasoles, ala de cuervo y de color platino) un florilegio de cuentecillos sobre las madres y