Los dichos de los viejitos -dice un dicho- son evangelios chiquitos. Uno de esos decires populares afirma que cuando la perra es brava hasta a los de casa muerde. Patente ilustración de ese refrán es el perredista Gerardo Fernández Noroña. Hombre violento y dado a los excesos verbales, acólito incondicional de López Obrador, ese mal político se erige con frecuencia en feroz inquisidor aun de sus propios compañeros de partido. Si algún temor inspira el PRD, si desprestigio sufre, es a causa de elementos como ese rupestre espécimen, cuya calaña no se conoció no siquiera en los peores tiempos del priismo. En efecto, ningún priista fue nunca tan exaltado en su servilismo y sumisión a un presidente como lo es Noroña en relación con AMLO. Habría que retroceder a tiempos muy lejanos para encontra