El cuento con el cual se descorre el telón de esta columnejilla es de esos que los franceses llaman “risque”. Tal calificativo indica que su contendido sicalíptico es muy alto. Las personas afectadas de pudicia deben abstenerse de leerlo, pues su lectura les puede ocasionar una erupción de sarpullido en el traspuntín o tafanario... Aquel señor fue a cenar al restorán, y pidió un café. La mesera tropezó al servirlo, con lo que derramó todo el contenido de la cafetera en el regazo del cliente. “¡Perdone usted, señor! -se azara la pobre mujer-. ¡Mire cómo le dejé su pantalón!”. “No se preocupe usted -responde, comprensivo, el caballero-. Son cosas que suceden. Pero dígame: el café ¿es descafeinado?”. “No, señor -responde la mesera, sin entender la razón de la pregunta-. Es café regular”. “¡Ma