Llegó lord Feebledick a su casa, y al entrar en la alcoba sorprendió a su mujer, lady Loosebloomers, en íntimo abrazo de concupiscencia con el guardabosque Wellh Ung. "¡Pero, Wellh! -prorrumpe Feebledick con voz doliente-. ¡Tú, entre todos mis servidores el más fiel! ¿Cómo puedes hacerme esto?”. Contesta el guardabosque, respetuoso: "No se lo estoy haciendo a usted, milord”... La esposa de Babalucas enfermó de gravedad. Iba a pasar a mejor vida. En el lecho de muerte le dice a su marido: "Debo hacerte una confesión, Baba: nuestro hijo no es tuyo”. Responde Babalucas: “Tampoco es tuyo”. "¡Cómo que no es mío! -protesta la mujer-. ¡Yo lo di a luz!”. "Es cierto -reconoce el badulaque-. Pero un día me dijiste en la maternidad: ‘Cambia al niño’. Y lo cambié”... Los perredistas deberían escuchar