Aquel granjero tenía unas cuantas semanas de casado con la apetecible, curvilínea muchacha. Un día el enamorado estaba trabajando cerca de la casa cuando oyó que su mujercita lo llamaba. En dos segundos llegó a la casa a todo correr. Iba aventando prendas de ropa por todos lados. La muchacha le dice sorprendida: "¡Ay, Vehemencio! No sé tú qué oíste, pero yo lo único que grité fue: ‘¡A comer!”‘. ... El político en campaña pensó que no sería mala idea, ahora que iba en campaña al campo, la de comprarse un burrito y visitar a los campesinos montado en él. De seguro el simpático detalle agradaría a sus electores. Así, se compró un jumento, y después de ponerle una gualdrapa que decía: VOTE POR ASTASIO, montó en él y se dirigió al rancho más cercano. Cuando llegó lo detuvo un ranchero anciano q