El veterano de la guerra se reunía todas las tardes en el bar con sus amigos para tomarse unas cervezas. Cierto día llegó acompañado por un compañero suyo de la guerra al que le faltaban los dos brazos. Se sientan ambos. "-¿Qué va a tomar?” -pregunta el cantinero al veterano-. "-Lo de siempre, Ganimedes -responde éste-. Una cervecita”. "-¿Y el señor?” -pregunta el cantinero al que le faltaban los brazos-. Antes de que éste pudiera contestar dice el veterano: "-Nada; él no va a tomar nada”. Los amigos se quedan estupefactos, pues estaba claro que el pobre hombre iba a pedir algo cuando el otro se le adelantó. "-Oye -le dice uno en voz baja-. Cómo eres caón. Deja que pida lo que quiera”. "-Está bien, -concede el veterano-. Que pida una cerveza, pero nada más”. Se la traen, y el veterano le a