El cuento que sirve de pórtico a esta columnejilla es de mal gusto, tanto que la señora Vanderbilt lo escuchó en una fiesta de la embajada de Burundi y hubo de cubrirse el rostro con el abanico para ocultar su turbación... Aquel hombre y la mujer aquella eran ambos aficionados al futbol. Esa común devoción los llevó a tener trato cercano, y luego íntimo. La vez primera que estuvieron juntos ella lo vio y le dijo usando terminología futbolística: "No sabía que tu centro delantero era tan pequeño". "No es tan pequeño -se defiende él-. Lo que sucede es que este campo tiene una portería demasiado grande". (No le entendí. Y además no tengo abanico, motivo por el cual no puedo imitar el pudoroso gesto de la señora Vanderbilt)... Decía un individuo: "Mi perro policía es muy obediente. Le digo: ‘¡