De vez en cuando -muy de vez en cuando- esta columna otorga una simbólica presea a algún anuncio publicitario cuya calidad, ingenio creativo y originalidad lo apartan de la adocenada medianía que caracteriza a la propaganda comercial. Ese premio es interesante por su desinterés: el que lo da -su atento y seguro servidor- es ajeno por completo al ámbito de la publicidad; no sabe quién hizo el tal anuncio ni conoce a los que elaboran el producto o prestan el servicio a que el anuncio premiado se refiere. ¿A quién se otorga en esta ocasión esa presea? Lo diré luego de contar algunos chascarrillos que sirvan para disipar la tensión en que han de estar ahora todas las agencias de publicidad en el país, y la ansiedad de los publicistas por conocer al ganador... Don Poseidón, granjero acomodado,