Aquel modesto oficinista admiraba a su jefe, hombre de mundo. Le confió un gran problema que tenía. "Mi esposa -le dijo-, ya no parece tener interés en el amor". El rico y experimentado bon vivant le dio un consejo: "Haz lo que yo. Para despertar el erotismo de mi mujer le baño el cuerpo con champaña, luego se lo cubro con caviar, y de ahí bebo y como. Eso la excita hasta el delirio". Días después el ejecutivo le preguntó a su empleado si la libídine de su señora había aumentado. "Sigue igual" -responde con tristeza el otro. Inquiere el jefe: "¿Hiciste lo del caviar y la champaña?". "En cierta forma sí -responde el individuo-. Sólo que, como no tengo para champaña y caviar, le bañé el cuerpo con cerveza y se lo cubrí con cacahuates"... Sor Bette fue toda su vida una monja ejemplar. Así, cu