Yo también, como Calderón, como López, como Ebrard, como Juan de las Cuerdas y Perico de los Palotes, quiero dar mi propio Grito. Y mi grito es contra los políticos que tienen secuestrado a este país y lo dañan con sus politiquerías. Mi grito es contra aquellos que convierten en motín -en botín- una entrañable tradición del pueblo, la de la noche del 15 de septiembre en el Zócalo de la Ciudad de México, y hacen de ella ocasión de escándalo, de división y enfrentamientos. Mi grito es contra los partidos: antes padecíamos uno solo; ahora los sufrimos a todos; parásitos que chupan del erario; empresas ricas en país de pobres. Estamos enfermos de política; los políticos parecen ser protagonistas únicos de la vida mexicana. Podrá decirse que eso es porque estrenamos democracia, y que después de