Tuve la gran fortuna de nacer en un hogar donde los libros formaban parte del menaje de la casa. Mis padres eran lectores ávidos, tanto que no puedo explicarme cómo fue que tuvieron cuatro hijos. Nuestra familia era modesta, pero tenía yo amiguitos ricos que me invitaban a sus casas. Yo las veía como mansiones palaciegas, y sin embargo salía de ellas compadeciendo a sus moradores. "Han de ser pobres -pensaba-. No tienen libros". Desde entonces acá he leído muchos libros. No tantos, claro, como don Ramón Menéndez Pidal, de quien se dijo que había leído 60 mil, y cuyas últimas palabras fueron: "¡Lástima! ¡Cuando me quedaban tantos libros por leer!". Pero he leído muchos, y muy buenos. Uno de los mejores lo escribió una hermosa dama de Morelia; doña Cristina Macouzet de Bernal. Fue ella la am