Al día siguiente de la noche de bodas el recién casado dijo a su linda desposada que iba a buscar el periódico. Lo que vio al regresar al cuarto lo dejó turulato, sorprendido, enajenado, fuera de sí, asombrado, aturdido, sobrecogido y alelado. ¡Su flamante mujercita estaba en apretado trance de libídine con el botones del hotel! Por si eso fuera poco, en la puerta de la habitación hacían fila para esperar su turno el jardinero, dos o tres huéspedes, el encargado del mantenimiento, el jefe de seguridad, el director de eventos especiales, el chef, cuatro meseros, el gerente de compras y un primo lejano de la afanadora. "-¿Qué es esto, Gwangolfina?" -prorrumpe el lacerado en paroxismo de iracundia. "-Ay, Janículo -responde la muchacha-. ¡Todo era comenzar!"... El niño obtuvo una mala califica