Doña Macalota, señora rica y presumida, le contó a su vecina doña Ignavia: "Mi marido se compró un condominio". Pregunta ella con interés: "¿Ya no quiere más hijos?"... La señorita Peripalda les hizo una pregunta a los niños del catecismo: "¿Cómo reconocerían ustedes a Adán entre los hombres de la antigüedad?". Esperaba que le respondieran que sería fácil reconocerlo, pues Adán no tenía ombligo. Pero Pepito contestó: "Yo les diría a todos: ‘Vayan a tiznar a su madre’. El que no fuera, ése sería Adán"... Dulcilí, lectora de novelas románticas, le dijo a Libidiano, galán maestro en artes lujuriosas: "Lo siento, Libi. Jamás podrás entrar a mi corazón". Pregunta el labioso galán: "¿Entonces a dónde puedo entrar?... La bondadosa dama le dio una moneda al pordiosero. "Tenga, buen hombre -le dijo