El esposo de Facilda Lasestas la llevó al futbol. Mi pluma se niega a escribir lo que ahí sucedió. Si lo narro es sólo por cumplir mi deber de relator veraz. Aconteció que mientras el esposo veía el juego su mujer se dejaba acariciar por bellacos individuos que la hacían objeto de toda suerte de inmorales tocamientos. Éste le agarraba los hemisferios glúteos; aquél le frotaba el ubérrimo tetamen; otro la abrazaba con intención erótica; el de más allá la besaba a la francesa, con excesos salivosos y linguales. Un caballero que veía aquel insólito despliegue de erotismo le preguntó con escándalo al sujeto: "¡Señor mío! ¿Acaso está usted ciego? ¿No ve cómo a su esposa le están sobando el cuerpo como si fuera daifa de lupanar o hetaira ruin de mancebía? Vea, vea cómo la oprimen esos hombres co