Hobo y Trampo, vagabundos, pasaron frente a un restorán en cuyo escaparate se exhibían suculentas viandas. Propone Hobo: "Imaginemos que estamos comiendo esos manjares. Así engañaremos el hambre". Se aplicaron ambos a la contemplación de los platillos. En eso pasó una estupenda rubia. Trampo se le quedó viendo con intensidad, y de pronto cayó al suelo sacudido por fuertes convulsiones. Le dice Hobo: "Eso te pasa por follar después de comer"... Don Astasio llegó a su casa cuando no se le esperaba. Entró en la recámara y vio un cuadro que lo dejó patidifuso: su joven esposa se hallaba en el lecho, y en el centro de la habitación estaba un tipo sin nada de ropa encima. Antes de que el estupefacto don Astasio pudiera articular palabra le dice el individuo: "Qué bueno que llegó usted, señor mío