En buena parte, hay que reconocerlo, el alcoholismo es estimulado por la propaganda de la televisión. En todos los países los anunciantes cumplen la norma establecida por las autoridades correspondientes en el sentido de advertir que el consumo excesivo de su producto es nocivo para la salud. Pero el peso del mensaje publicitario es tal, tan atractivamente se presenta el acto de beber, que aquel admonitorio aviso pasa prácticamente inadvertido, y en el auditorio queda la idea de que para divertirse, para reír, para vivir una vida social activa, para ser aceptado, es necesario antes beber. Mejor sería que en todas partes se adoptara la medida que han tomado los países más avanzados y más conscientes de los riesgos de consumir alcohol: restringir severamente en la televisión la publicidad de