L U N E S
Como suelen decir en materia deportiva y con mayor frecuencia en el box, al campeón se le va hasta que pierda, así que no hay ninguna sorpresa en el hecho de que un yerno de Saddam Hussein se haya entregado, regresando de Siria. ¿Quién iba a ser su campeón sino el que, al parecer huyó? Es el primer partidario que lo hace, no será el último. Familiar o no, el miedo no anda en burros, ni aún en Iraq. Si el propio Hussein, al verse perdido, en lugar de cometer un acto heroico suicidándose para salvar a los suyos, puso pies en polvorosa cobardemente, poniendo antes, seguramente, a buen recaudo su fortuna, pues sin ella no tendrá cabida en ninguna parte, ¿qué se podía esperar de quienes vivían a sus costillas, parientes o no?
Morir, es posible que Saddam no haya muerto, pues ya lo