EDITORIAL miércoles 1 de ago 2007, 8:47am - nota 3 de 8

Pilares de la existencia| A la ciudadanía

Por: Magdalena Briones Navarro


La vida ha requerido de procesos energéticos, físicos, químicos y ecosociales multimillonarios en el tiempo y en un espacio hasta hoy propicio: El planeta Tierra.

La vida, fue y es imposible sin las condiciones inorgánicas que la rodean; ambas intercambian sustancias y energías, las transforman consiguiendo equilibrios asombrosos. Vida y muerte fluyen y se retroalimentan sin cesar; son una, la Divinidad Siamesa de polaridades igualmente poderosas y activas.

Al hombre, inmerso en este ir y venir, se le han dado órganos y funciones vitales: el latir del corazón, la respiración, su estructura general, que responden a un condicionamiento natural para sobrevivir, pero que fallan por decaimiento o por el cambio no favorable de su entorno. El cambio puede ocurrir naturalmente o puede ser producido por el hombre. Ambos de difícil control y a veces irreversibles. Pero existe otro factor igualmente amenazante: no concienciar la necesidad de la existencia individual para la especie y la necesidad de la existencia de la especie para la perpetuación de los individuos que la integran.

¿Puede alguien concebirse autosustentable, en el vacío? Ello no se da ni siquiera en los átomos –de naturaleza efímera- los que de paso no se imaginan a sí mismos ni estables ni cambiantes; no se esfuerzan por ser o no ser, son y dejan de ser.

Los hombres también nacen y mueren, pero entre uno y otro acontecer les queda un tiempo a llenar. Viviendo en el misterio, intenta el hombre saber qué es, qué desea ser y cómo pude lograrlo, contando con el condicionamiento y limitaciones impuestos por la naturaleza y la humanidad, promotoras y guardianas últimas de la supervivencia de su especie.

Se da el desconocimiento, el rechazo y aun el olvido de tan importantes interrelaciones ante el enrejado temprano de un incipiente desarrollo, frente a la alambrada de los propios miedos o intuyendo un fácil escape mediante amnesia. No deslumbra la naturaleza, tampoco la vida, pero sí los espejismos: la inmortalidad, la propia, no de la especie, el conocimiento del “Know how” más para competir que para crear y obsequiar al bienestar general. Sin menospreciar los aciertos científicos y tecnológicos, ¿son suficientes para atenuar la pobreza, la enfermedad, el sufrimiento?, ¿es el hombre actual más feliz, más realizado, más amoroso, más solidario?

América Latina presenta el contraste más exagerado entre pocos enormes capitales y la más severa pobreza generalizada. Sus formidables riquezas han sido y siguen siendo botín disputado por propios y ajenos desinteresados y hasta contrarios al cultivo y surgimiento de las poblaciones, cada vez más sojuzgadas. De esta bipolaridad surge a la vista una corrosión del tejido social y el arrasamiento de bienes naturales. El derrumbe de estos pilares vitales abarca todo y a todos. Una sociedad injusta, no ética, impermeable a la mutua comunicación, vacía de respeto y amor, antagónica, egoísta, ciega, acostumbrada a lo inhumano… ¡ya valió..!

Si se desea un cambio para mejor, hay que luchar por él. Hay que reconstruirnos desde las bases; desde la persona, hasta la sociedad patria y global. Defender lo esencial, no lo superfluo. Coadyuvar para que esplenda el ser, no el tener. No permitir se corrompan las excelencias humanas en obsequio de falsas promesas aseguradoras de bienes económicos para unos cuantos. Sí, hay que producir para vivir dignamente. Hay que crear para el bienestar de nuestras comunidades, de nuestros coetáneos. Si todos colaboramos, alcanzaremos la factibilidad de legar esplendores, no mendrugos y desolación; obtendremos la profunda satisfacción que da hacer el bien. Agradezcamos, promovamos y premiemos el trabajo, el esfuerzo ajeno, lo mismo que la existencia de bienes tan grandes que guarda nuestro planeta.

Llenemos a plenitud ese tiempo que tenemos entre el nacer y el morir, revalorando nuestra especie, revalorándonos como unidades activas interesadas, presentes para la vida. ¿Tiene usted una propuesta mejor? Repase, ¿qué ha hecho con su vida, qué piensa hacer en el tiempo que aún le queda? Si ya holgazaneó largamente, no insista en desperdiciarse. Si a pesar de todos sus esfuerzos no ha logrado más que vivir maltrecho y frustrado, analice las causas que lo proveyeron. Si la principal de éstas es el nefasto sistema economista y global, ayude a cambiarlo.

Puede ocurrir que algunos políticos sean responsables y conscientes de la necesidad patria de forjar y sostener el capital social nacional. La ayuda de ciudadanos coincidentes con tal meta, les sería muy valiosa. Sin embargo, el desarrollo ciudadano no tiene por qué esperar dirigentes políticos en nómina. El más responsable de su buen transcurso en esta vida es el ciudadano, sobre todo aquél a quien no se le ha permitido florecer, mayoritario en nuestras comunidades.

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