Mis cuatro lectores conocen bien a Empédocles Etílez, de profesión borracho. El otro día narró un suceso reciente de su vida de beodo. "Llegué a mi casa tarde -relató-, y muy entrado en copas. Cuando pasé por la sala el reloj de cucú sonó las 3 de la mañana. Suponiendo que mi mujer oiría la hora pensé rápidamente, e imité la voz del cucú otras nueve veces para hacerla creer que eran apenas las 12 de la noche. Me acosté muy orgulloso de mí mismo por haber ideado esa ingeniosa estratagema. Al día siguiente mi esposa me dijo: ‘Necesitamos un reloj nuevo’. Le pregunté: ‘¿Por qué?’. Respondió ella: ‘Anoche el cucú sonó tres veces y dijo: ‘¡Uta!’. Luego sonó otras cuatro veces, tosió, sonó dos veces más y soltó una carcajada. Enseguida sonó otras seis veces, pisó al gato y dijo: ‘¡Tiznada madre!