El padre Arsilio acertó a pasar por la plaza del pueblo en horas muy avanzadas de la noche. Entre los arbustos oyó jadeos, apasionados murmurios, deliquios suspirantes, ayes de voluptuosidad. Detúvose, fue a ver, y he aquí que sobre la grama estaban en pleno trance de concupiscencia Afrodisio, hombre dado a toda suerte de salacidades, y Pirulina, muchacha generosa que a nadie negaba lo que de Natura gratuitamente recibió. "-Hijos míos -les dice consternado el padre Arsilio-, los exhorto a evitar estos actos de fornicación''. Sin dejar de hacer lo que hacía le contesta Afrodisio: "-Quizá los siguientes los podamos evitar, señor cura. Pero en lo relativo a éste tendrá que perdonarnos. Ya va muy avanzado''... El joven y guapo conferencista hablaba ante un público formado exclusivamente por mu