Don Astasio llegó a su casa y fue a su alcoba a fin de ver si había alguna novedad. Ninguna había: su mujer, doña Facilisa, estaba -como de costumbre- entrepiernada en el lecho conyugal con un fornido mocetón. No dijo nada dijo el coronado esposo. Colgó en su percha la americana y el sombrero y fue al chifonier donde tenía la libretita en cuyas páginas solía anotar dicterios alusivos para decirlos a su consorte en esos casos. Volvió a la escena de la coición y le espetó: "¡Fayuta!". Esta palabra la había sacado de la Antología del Tango hecha por Federico Castanedo. La pecatriz se apenó un poco. Bien sabía que con aquella acción inordinada faltaba a los buenos modales. Se volvió hacia su esposo y le dijo: "Perdóname. Hice esto por debilidad". Inquiere don Astasio: "¿Y acaso lo que ese bell